Miraba y miraba y no los encontraba.
"¡Joder!", pensé. Quizá si los encontraba podía hacerlo todo más
llevadero. "Si ya los había visto antes, ¿por qué no los podía ver
ahora?" me preguntaba constantemente mientras afinaba la vista. Y es que
sus defectos tenían que seguir estando ahí. Por más que miraba solo veía
perfección. En su tez, en su manera de hablar, en su forma de ser... su voz,
sus gestos, su uñas, su ropa... todo bien. Ninguna traba pude ponerle.